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Alzheimer: Prevención, detección precoz y Estilo de Vida Saludable

 

Claves en la Lucha Contra la Enfermedad y Últimos Avances

 

La investigación sobre el Alzheimer avanza con el desarrollo de biomarcadores para un diagnóstico temprano a través de análisis de sangre y técnicas de neuroimagen, permitiendo detectar la enfermedad antes de los síntomas evidentes. Además, se exploran estrategias de prevención centradas en controlar factores de riesgo cardiovascular como la hipertensión, la diabetes y el colesterol alto, subrayando la conexión entre la salud del corazón y la función cognitiva.

 

Esta investigación se centra en terapias que atacan las proteínas beta-amiloide y tau, así como en la comprensión del papel de la inflamación en el cerebro.

 

En este sentido, uno de los principales objetivos en la investigación del Alzheimer ha sido desarrollar tratamientos que puedan disminuir la acumulación de placas amiloides en el cerebro, una característica clave de esta enfermedad.

 

En este contexto, la aprobación de anticuerpos monoclonales como Lecanemab (comercializado como Leqembi) y Donanemab (Kisunla) por agencias reguladoras como la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos) y la EMA (Agencia Europea de Medicamentos) representa un avance significativo.

 

Estos fármacos actúan facilitando la eliminación de las placas de beta-amiloide del cerebro por parte del sistema inmunitario, y han demostrado en ensayos clínicos su capacidad para retrasar el deterioro cognitivo y funcional en pacientes con Alzheimer en etapas tempranas.

 

Lecanemab se administra mediante infusión intravenosa cada dos semanas, mientras que Donanemab se administra cada cuatro semanas. Una particularidad de Donanemab es que el tratamiento puede interrumpirse una vez que los análisis indican una reducción sustancial de las placas amiloides en el cerebro.

 

La autorización de estas terapias marca un cambio en el enfoque del Alzheimer, pasando de tratamientos centrados en aliviar los síntomas a terapias que buscan modificar el curso de la enfermedad al atacar su patología subyacente.

 

No obstante, es importante señalar que estos tratamientos no son una cura y sus efectos clínicos, aunque relevantes, son limitados.

 

No obstante, su uso se asocia con posibles efectos secundarios, como las anomalías de imagen relacionadas con el amiloide (ARIA), que pueden incluir edema cerebral y microhemorragias, lo que exige un seguimiento exhaustivo de los pacientes durante el tratamiento.

 

El riesgo de ARIA es mayor en individuos homocigotos para el gen ApoE ε4, por lo que se recomienda realizar pruebas genéticas antes de iniciar el tratamiento.

 

Cabe mencionar que otro anticuerpo monoclonal dirigido al amiloide, Aducanumab (Aduhelm), fue retirado del mercado por su fabricante debido a razones comerciales, a pesar de haber sido aprobado previamente.

 

Además de los esfuerzos centrados en la beta-amiloide, una parte significativa de la investigación se enfoca en la proteína tau, otra proteína que juega un papel fundamental en la enfermedad de Alzheimer.

 

En el cerebro de las personas con Alzheimer, la proteína tau experimenta cambios y se acumula, formando «ovillos neurofibrilares» dentro de las neuronas, lo que interfiere con su funcionamiento normal y contribuye a la neurodegeneración.

 

Los investigadores están explorando diversas estrategias para prevenir la formación de estos ovillos por la proteína tau, incluyendo el desarrollo de inhibidores de la agregación de tau y vacunas dirigidas contra la agregación de la proteína tau.

 

En este sentido, se están desarrollando varios anticuerpos monoclonales anti-tau, algunos de los cuales han mostrado resultados iniciales prometedores en ensayos clínicos.

 

El creciente enfoque en la proteína tau, junto con la investigación sobre el amiloide, refleja una comprensión cada vez mayor de la complejidad de la enfermedad y la posibilidad de que las terapias combinadas, que ataquen múltiples objetivos patológicos, puedan ser más eficaces en el futuro.

 

Más allá de las terapias dirigidas a las proteínas amiloide y tau, la investigación también se centra en otros aspectos de la enfermedad, como la inflamación crónica de bajo nivel observada en las neuronas cerebrales. Los investigadores están explorando formas de modular estos procesos inflamatorios como una posible estrategia terapéutica.

 

Un fármaco llamado Sargramostim (Leukine) se encuentra actualmente en investigación por su potencial para estimular el sistema inmunitario y proteger el cerebro de las proteínas dañinas asociadas con el Alzheimer. Otra área de interés es la posible conexión entre la resistencia a la insulina y la enfermedad de Alzheimer.

 

Aunque un ensayo clínico con un aerosol nasal de insulina no demostró eficacia para frenar la progresión de la enfermedad, la investigación continúa explorando cómo la insulina afecta al cerebro y la función de las neuronas cerebrales.

 

Asimismo, cada vez hay más evidencia que sugiere una fuerte relación entre la salud del corazón y la salud del cerebro.

 

Se ha observado que diversas afecciones que dañan el corazón o las arterias, como la presión arterial alta, la enfermedad cardíaca, el accidente cerebrovascular, la diabetes y el colesterol alto, pueden aumentar el riesgo de desarrollar demencia.

 

Esta línea de investigación sugiere que abordar los factores de riesgo cardiovascular podría tener un impacto positivo en la prevención y el tratamiento del Alzheimer.

 

El horizonte del Alzheimer se ilumina con el desarrollo de herramientas de diagnóstico precoz: los biomarcadores. Se ha avanzado de forma notable en la identificación y validación de marcadores biológicos, destacando las innovadoras pruebas sanguíneas capaces de detectar la enfermedad en sus etapas más tempranas.

 

Estas pruebas analizan la concentración de proteínas específicas en la sangre, como la p-tau (especialmente la p-tau217) y la beta-amiloide, revelando la presencia de la patología del Alzheimer antes de la aparición de síntomas clínicos.

 

Empresas como Quest Diagnostics, ALZPath, Roche, LabCorp y C2N Diagnostics lideran el camino, ofreciendo o desarrollando estas pruebas de sangre. Su principal atractivo reside en su carácter menos invasivo y mayor rapidez comparadas con técnicas de neuroimagen como la tomografía por emisión de positrones (PET) o procedimientos como la punción lumbar.

 

La disponibilidad de pruebas de sangre precisas podría revolucionar el diagnóstico en la atención primaria, agilizar la selección de participantes para ensayos clínicos y disminuir los tiempos de espera para la evaluación de la enfermedad.

 

Además de las pruebas de sangre, las tomografías PET, que visualizan las placas de amiloide y los ovillos de tau en el cerebro, siguen siendo herramientas valiosas para el diagnóstico y el seguimiento de la respuesta al tratamiento.

 

El análisis del líquido cefalorraquídeo (LCR) también se emplea para detectar biomarcadores asociados con la enfermedad. El desarrollo y la validación de estos biomarcadores representan un paso fundamental hacia un diagnóstico más accesible y temprano del Alzheimer, abriendo la puerta a intervenciones más oportunas y mejores resultados para los pacientes.

 

Aunque la ciencia aún no ha descubierto la fórmula definitiva para erradicar el Alzheimer, la investigación ha desvelado estrategias sólidas, respaldadas por evidencia científica, que pueden disminuir la probabilidad de desarrollar la enfermedad o, al menos, postergar su aparición.

 

Estas estrategias se centran principalmente en la gestión de factores de riesgo modificables y la adopción de hábitos de vida saludables.

 

Un pilar fundamental en la prevención del Alzheimer es el control de los factores de riesgo modificables, especialmente aquellos vinculados a la salud cardiovascular.

 

La hipertensión arterial, o presión arterial alta, ejerce un impacto perjudicial en el corazón, los vasos sanguíneos y el cerebro, y se ha asociado con un mayor riesgo de demencia vascular.

 

El tratamiento de la hipertensión con medicamentos y la implementación de cambios saludables en el estilo de vida, como el ejercicio regular y el abandono del tabaquismo, pueden ayudar a disminuir este riesgo.

 

De manera similar, la regulación de los niveles de glucosa (azúcar) en sangre es crucial, ya que los niveles elevados pueden desencadenar diabetes, que a su vez incrementa el riesgo de enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares, deterioro cognitivo y demencia.

 

La elección de alimentos saludables, la práctica regular de ejercicio, el abandono del tabaquismo y el control de los niveles de azúcar son medidas importantes para mantener la glucosa en sangre bajo control.

 

Mantener un peso saludable también es relevante, ya que el sobrepeso y la obesidad aumentan el riesgo de problemas de salud relacionados, como la diabetes y las enfermedades cardíacas, que a su vez pueden influir en el riesgo de Alzheimer.

 

Finalmente, la regulación de los niveles elevados de colesterol es importante para la salud cardiovascular y cerebral en general, ya que el colesterol alto puede contribuir a la aterosclerosis, un proceso que puede afectar el flujo sanguíneo al cerebro.

 

La atención a estos factores de riesgo cardiovascular subraya la estrecha conexión entre la salud del corazón y la función cognitiva, lo que sugiere que un estilo de vida saludable para el corazón puede tener beneficios significativos para la salud cerebral y la prevención del Alzheimer.

 

Más allá de la vigilancia de los factores de riesgo cardiovascular, la adopción de un estilo de vida que abrace la actividad física regular, una alimentación equilibrada y la estimulación cognitiva emerge como un pilar fundamental en la prevención del Alzheimer.

La actividad física, con su abanico de beneficios para la salud, que incluyen la prevención del sobrepeso y la obesidad, las enfermedades cardíacas, los accidentes cerebrovasculares y la hipertensión arterial, se erige como un escudo protector.

Se aconseja aspirar a un mínimo de 150 minutos semanales de actividad física de intensidad moderada. Además, el ejercicio se revela como un aliado para mejorar el estado de ánimo, el equilibrio y la calidad del sueño en personas que enfrentan la demencia.

En el ámbito de la alimentación, se recomienda nutrir el cuerpo con una dieta rica en frutas, verduras, cereales integrales, proteínas magras y grasas saludables, mientras se limita la ingesta de grasas no saludables y azúcares. La dieta mediterránea, en particular, ha demostrado su valía como protectora de la salud cerebral.

Mantener la mente activa a través de actividades como la lectura, los juegos de mesa, las manualidades, los pasatiempos, el aprendizaje de nuevas habilidades, el trabajo, el voluntariado y la socialización, también contribuye a preservar la función cognitiva a lo largo del tiempo.

La sinergia entre la actividad física, una dieta saludable y la estimulación cognitiva dibuja un enfoque holístico para la salud cerebral y la prevención del Alzheimer, subrayando la importancia de un estilo de vida dinámico y comprometido.